Diccionario Biográfico de España (1808-1833)
De los orígenes del liberalismo a la reacción absolutista
Alberto Gil Novales

Francisco de Goya, El 2 de mayo de 1808 o La lucha de los mamelucos (detalle), 1814. Museo Nacional del Prado (Madrid)   José Casado del Alisal, Juramento de los primeros diputados a Cortes en 1810 en la iglesia de San Pedro y San Pablo en San Fernando, Cádiz (detalle), 1813. Archivo del Congreso de los Diputados (Madrid)   Antonio Gisbert Pérez, Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga (detalle), 1888. Museo Nacional del Prado (Madrid)

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Wellesley, sir Arthur, duque de Wellington, de Ciudad Rodrigo y de Torres Vedras


(Dublín, 29 abril, probablemente, o comienzos de mayo de 1769 - Londres, 14 septiembre 1852). Alcanzó en la Guerra de la Independencia las más altas cimas del ejército español, y recibió el Toisón de Oro en 1812, además de la gran cruz de San Fernando en 1812 y la de San Hermenegildo en 1815, contribuyendo evidentemente a la victoria en la guerra. Una carta al obispo de Oporto, Oporto, 31 agosto 1808, se publica en Diario de La Coruña y en Gazeta de Zaragoza, 1 octubre 1808. Un fragmento de su carta a Soult, no fechada, pero de abril de 1809, en Gazeta de Valencia, 16 junio 1809. Su oficio, Abrantes, 18 junio 1809, a la Junta de Badajoz, en el que avisa que va a seguir la línea del Tiétar, de Castelo-Branco y Coria para Plasencia y Puerto de Baños. Pide suministro y alojamiento para 30.000 hombres y 6.000 caballos, cifras que incluyen la caballería, la artillería, la infantería y los bagajes (Gazeta de Valencia, 14 julio 1809). Otro oficio a la misma, en la que le anuncia que traslada su ejército al norte del Tajo, se publica en Gazeta de Gobierno, Sevilla, 14 diciembre 1809, y lo copia la Gazeta Nacional de Zaragoza del 1 de febrero de 1810. Sus oficios, Cartajo, 8 diciembre 1810 y 5 enero 1811, a Miguel Pereira Forjaz, en Gazeta de la Junta-Congreso del Reino de Valencia, 5 y 12 febrero 1811. Sus despachos de Cartajo, 19 y 26 enero, 16 y 23 febrero 1811, tomados de fuentes inglesas, se publican en Gazeta Nacional de Zaragoza, 14 marzo y 11 abril 1811, lo que indica cómo los enemigos trataban de aprovechar para su causa lo que W. escribía. En oficio dirigido a Miguel Pereira Forjaz, Cartajo, 26 enero 1811, publicado en Diario Mercantil de Cádiz, 21 febrero 1811, hace el elogio del marqués de la Romana, que acababa de fallecer. Otros dos al mismo, Gouvea, 27 marzo (extracto), y Marmeleiro, 2 abril 1811, en El Conciso, 19 abril 1811. Hubo una publicación aparte: Oficios reecibidos del lord... hasta el día 27 de marzo cuando su cuartel general estaba en Gouvea, Cádiz, 1811. Contesta a Castaños, Villafermosa, 13 mayo 1811, de acuerdo con los preparativos para la batalla, incluso con las modificaciones introducidas por Castaños en su plan inicial. La batalla de La Albuera tuvo lugar el día 16 (carta publicada en Gazeta Extraordinaria de la Regencia, y en Gazeta de Aragón, 12 junio 1811). El oficio sobre la conquista de Badajoz, enviado el 7 de abril de 1812 al ministro inglés de la Guerra, y retransmitido por el embajador Wellesley al gobierno español, se publica en Gazeta de Aragón, 1 junio 1812. Una carta a Miguel Pereyra Forjaz, Alfayates, 24 abril 1812, da cuenta de la situación de los ejércitos (Diario de Barcelona, 13 julio 1812). Otra carta al mismo, Fuente Guinaldo, 13 mayo 1812, contiene un gran elogio de las guerrillas (Gazeta de la Regencia, 9 junio 1812; Diario de Barcelona, 8 agosto 1812). Una carta suya del 3 de agosto de 1812 confirma la victoria del 22 de julio sobre Marmont (Diario de Barcelona, 31 agosto 1812). En seguida aprobó la conducta del conde de España, quien recogió los títulos josefinos de los miembros del Ayuntamiento de Madrid, y les dio otros en el acto. Contra su nombramiento al frente de los ejércitos españoles protestó Francisco López Ballesteros, los documentos fueron publicados en la Abeja, dando lugar a no pequeña polémica. Llegó a Cádiz el 24 de diciembre de 1812, la Regencia le dio el 26 un espléndido banquete, seguido de un espectáculo teatral, lo que no dejó de provocar comentarios. Por ejemplo: está prohibido atravesar la plaza de la Constitución en coche o a caballo, pero el Ayuntamiento ha ido y vuelto en varios coches para cumplimentarle. También los grandes de España le dieron un magnífico baile, seguido de espléndida cena. Estaba presente Castaños, y no faltaron ni los sonetos. Pero el sentimiento nacional herido se manifiesta en un «Discurso dirigido a los miembros del Congreso», que publica el Diario Mercantil de Cádiz, el 19 de enero de 1813; y reproduce el Diario de Barcelona, 8 abril 1813, y en toda la polémica originada por Ballesteros. Un «Discurso» de Wellington, sin fecha, publica el Procurador General de la Nación y del Rey, 2 enero 1813, la Representación al Sr. ministro de la Guerra sobre la separación del mando del ejército del Excmo. Sr. capitán general D. Francisco Javier Castaños, Huarte, 2 julio 1813, en la que amenazaba con dimitir si no se revocaba la medida, se publica en El Sol de Cádiz, 1813, en Los ingleses en España, 1813, en El Patriota, 1 septiembre 1813, en el que también aparece su defensa de Castaños, Cuartel General de Monreal, 30 julio 1813, y en Diario de Barcelona, 24 octubre 1813 (en francés) y 24 (sic por 25) octubre 1813 (español). Su parte al ministro de la Guerra José María Carvajal, Fresneda, 24 febrero 1813, sobre la acción de Béjar del 20, se publica en El Imparcial, 24 marzo 1813. Su parte a Castaños, Subijana, 19 junio 1813, en Gazeta Nacional de Zaragoza bajo el Gobierno de la Regencia de las Españas, 20 julio 1813. Su comunicado sobre el asunto John Murray, Cuartel General de Ostiz (Navarra), 3 julio 1813, en Diario de Barcelona, 21 agosto 1813. El elogio de Wellington por Canning, 7 julio 1813, se publica en Diario de La Coruña, y lo reproduce la Gazeta Nacional de Zaragoza bajo el Gobierno de la Regencia de las Españas, 28 agosto 1813. Su oficio a Juan O’Donojú, ministro de la Guerra, Zubieta, 10 julio 1813, en Gazeta de la Regencia y en Gazeta Nacional de Zaragoza bajo el Gobierno de la Regencia de las Españas, 10 agosto 1813. Tres partes a O’Donojú, San Esteban, 1 agosto, Lesaca, 4 agosto, y resumen de pérdidas, en Gazeta Nacional de Zaragoza bajo el Gobierno de la Regencia de las Españas, 31 agosto 1813. Sólo su parte, Lesaca, 4 agosto 1813, en Diario Crítico General de Sevilla, 20 agosto 1813. Una «Carta del lord... a un general español que se halla enfermo en Vitoria», Lesaca, 2 septiembre 1813, en Diario Crítico General de Sevilla, 8 septiembre 1813 (el ejército de Galicia se ha batido admirablemente, como ninguna tropa del mundo lo habría hecho mejor), y su parte del mismo lugar y fecha, parafraseado en Diario Crítico General de Sevilla, 17 septiembre 1813. Una «Proclama después de la acción de 31 agosto 1813» aparece en Gazeta Nacional de Zaragoza bajo el Gobierno de la Regencia de las Españas, 23 octubre 1813. El incendio de San Sebastián amenazó convertirse en una cuestión grave. El ministro de la Guerra pidió a Wellington el 28 de septiembre de 1813 que informase sobre el particular. Wellington pasó el asunto al embajador inglés, y habiendo recibido los periódicos que atacaban al ejército, responde acusándoles de libelo. Rechaza todo lo que se imputa a sir Thomas Graham, de quien se decía que había quemado San Sebastián, «por su anterior y exclusivo comercio con la nación francesa en desventaja de la Gran Bretaña». Imputación infame, según dice, tanto referida a Graham, como a los oficiales, incapaces de concebir ninguna «comercial venganza». Wellington no quiso bombardear San Sebastián, para no destruirla, como no lo hizo con Ciudad Rodrigo y Badajoz. La ciudad fue incendiada por los franceses ya el 22 de julio, antes del primer ataque. Reconoce en cambio el saqueo, pero dice que es inevitable en toda ciudad que se toma al asalto. El saqueo no convenía a los asaltantes porque les exponía a ser otra vez dominados por los franceses, pero nada pudo hacerse. Por supuesto, los oficiales no ordenaron el saqueo. También niega el duque los daños causados a los habitantes de San Sebastián con armas de fuego y bayonetas, en respuesta a los aplausos y vivas con que fueron recibidos los conquistadores. Sólo por accidente se dio algo semejante, pero nunca deliberadamente. La Regencia del Reino publica estas explicaciones «para desvanecer las impresiones siniestras que pueden haber hecho las relaciones falsas o exageradas, difundidas, por un celo indiscreto, ignorancia o malignidad de algunos periódicos que injustamente intentan mancillar la noble y generosa conducta de los distinguidos jefes del ejército aliado» (Gazeta Nacional de Zaragoza bajo el Gobierno de la Regencia de las Españas, 13, 16 y 20 noviembre 1813). Eppur si muove. El Sr. duque no dice la verdad, probablemente porque no podía decirla. Los biógrafos modernos del duque reconocen que el incendio y demás barbaries se debieron a los ingleses, pero los enfocan filosóficamente diciendo que los soldados ingleses se habían convertido en «criaturas bestiales de la guerra» (lo que era verdad, pero se omite toda la dimensión política del problema; cf. Theodor Lücke: Wellington der eiserne Herzog, Berlin, 1938) o tratan de excusarlos, echando toda la responsabilidad sobre el general Louis-Emmanuel Rey, gobernador francés de la ciudad por no haber destruido previamente todos los licores que había en ella (sic, cf. Richard Aldington: The Duke, New York, 1943), o tratan de quitar importancia a lo sucedido, ya que probablemente se contó con notoria exageración: mucho horror, es verdad, pero mucha borrachera, mucho saqueo, y algunos casos aislados de mujeres violadas (sir Charles Petrie: Wellington. A Reassessment, London, 1956). Sólo Guedalla, que no se pronuncia sobre la cuestión, habla del lumbago que padecía el lord, y de que éste tenía miras políticas, no solamente militares: entre aquéllas, aunque no relacionada directamente con el incendio de San Sebastián, la necesidad de dar una sacudida (shake) al partido democrático español (de Cádiz), cuyo progresismo resultaba ya intolerable (cf. Philip Guedalla: The Duke, London, 1946, 2ª impresión, 1949). Chastenet no habla de responsabilidades: el asalto fue mortífero, la explosión de un polvorín destruyó casi toda la ciudad, y lo que quedaba fue saqueado por los vencedores (Jacques Chastenet: Wellington, París, 1945). Para Andrés Revesz la toma de San Sebastián llenó al duque de alegría, pero también demostró que su inmenso prestigio no había servido para que sus soldados fuesen disciplinados. Sobre la carnicería que siguió Revesz se remite al conde de Toreno (Revesz 1955). El parte de Lesaca, 9 octubre 1813, es extractado en Diario Crítico General de Sevilla, 30 octubre 1813. En lo que todo el mundo está de acuerdo es en la importancia de Pamplona y San Sebastián para la invasión de Francia por parte de los aliados, y la alta categoría militar que demostraron en la ocasión tanto Soult como Wellington. Dos oficios de éste, el primero sin fecha sobre la rendición el 20 de septiembre del fuerte de San Saturnino de Fraga (Huesca), el segundo, Vera, 18 octubre 1813, sobre las operaciones entre Oleron y Sara, en Diario Crítico General de Sevilla, 8 noviembre 1813. Dos partes, Vera, 1 noviembre 1813, sobre la rendición de Pamplona, en Diario Crítico General de Sevilla, 15 noviembre 1813. Una proclama a los franceses, 11 noviembre 1813, de la que un fragmento, con fecha del 12, en Diario Crítico General de Sevilla, 22 noviembre 1813, y en Gazeta Nacional de Zaragoza bajo el Gobierno de la Regencia de las Españas, 23 noviembre 1813. Un extracto de su parte al ministro de la Guerra, San Pe, 13 noviembre 1813, en Diario Crítico General de Sevilla, 29 noviembre 1813. Fragmentos de una proclama, sin fecha, publicada por el lord en francés y en vascuence, sobre que permanezcan en sus puestos las autoridades constituidas en las ciudades y lugares de Francia; y un oficio, también sin fecha, pero se cita la del 23 ¿noviembre?, sobre pérdidas ocasionadas por un movimiento mal ejecutado, ambos en Diario Crítico General de Sevilla, 27 diciembre 1813. La Carta al embajador de S. M. británica en España, D. Henrique Wellesley, relativa a las causas que dieron margen a que se destinasen tropas inglesas a las plazas de Cádiz y Cartagena, y orden para su relevo, San Juan de Luz, 7 diciembre 1813, Cádiz, Imp. Patriótica de R. Howe, 1813, anunciada en Diario Mercantil de Cádiz, 28 diciembre 1813, y publicada asimismo en Diario Crítico General de Sevilla, 28 diciembre 1813, en El Universal, Madrid, y en Redactor General de España, ambos en los números del 2 de enero de 1814, y en la Atalaya de La Mancha en Madrid, 7 enero 1814. Sus partes al ministro de la Guerra, sobre el curso de las operaciones, San Juan de Luz, 14 diciembre 1813 (paso de la Nive), 9 enero y 20 febrero 1814, en Diario de Juan Verdades, 13 enero 1814, y en Diario Crítico General de Sevilla, 27 enero y 7 marzo 1814. Partes al ministro de la Guerra, desde el 23 de enero al 2 de marzo de 1814, en Diario Crítico General de Sevilla, 17 y 18 marzo 1814. Y su proclama a los franceses, 7 marzo 1814, impresa en Vitoria, en Diario Crítico General de Sevilla, 26 marzo 1814. En el número correspondiente al día 2 de junio de 1814, de La abeja de Manresa, se publica un parte de Wellington a la Regencia de España, no fechado pero posterior a febrero de 1814, en el que se manifiesta a favor de la majestad de Fernando VII, y en contra de las máximas republicanas (sic), que ha adoptado el gobierno español. (Gómez Imaz 1910 reproduce el parte al que, viniendo de un militar, considera ofensivo y subversivo). El armisticio firmado con Suchet, Toulouse, 19 abril 1814, puede verse en el Diario de Barcelona entre los números de febrero y marzo de 1814. De la misma fecha es su parte al ministro de la Guerra, sobre la evacuación de Valencia y Cataluña, que puede verse en Gazeta de Murcia, 3 mayo 1814. El 13 de julio de 1814, en oficio dirigido a Luis Wimpffen, comunicó su dimisión de todos sus mandos españoles, al paso que hacía el elogio del propio Wimpffen (oficio de éste, Madrid, 22 junio 1814, en Gazeta de Murcia, 12 julio 1814). El espíritu de Wellington políticamente era muy limitado, de imperio británico en época de expansión, completamente odioso. Ya hemos mencionado su alegato antirrepublicano. Favoreció el golpe de Estado del 4 de mayo de 1814, siguió con ansiedad el desarrollo de la revolución española de 1820, y señaló después del triunfo de Riego los tres caminos que le quedaban al rey para hacer victoriosa de nuevo la reacción: mimar al ejército, a la Iglesia y explotar el regionalismo peninsular. Favoreció en Verona, 1822, las miras de la Santa Alianza, y aunque luego ayudó a los refugiados españoles en Inglaterra, su ayuda no fue para todos, sino que excluyó a algunos como Romero Alpuente, por diferencias políticas o incompatibilidades personales. Los españoles de la época que empieza en 1833 le vieron siempre muy cercano al carlismo. Los estudios sobre Wellington han continuado en la Inglaterra de los últimos años. Una gran contribución han supuesto las conferencias anuales de la Universidad de Southampton, a partir de 1989. Sólo citaré las aportaciones de lord Carver, F. C. Mather, Miles Taylor y la mía, recogidas en la bibliografía (Azcárate, P. 1960; Dictionary 1975; Diario Mercantil de Cádiz, cit. y 21 febrero 1811; Riaño de la Iglesia 2004; Soldevilla 1813; Procurador General de la Nación y del Rey, cit.; Gazeta Nacional de Zaragoza, cit.; El Redactor General, de 27 noviembre, 25, 26, 27 y 28 diciembre 1812, y 5 enero y 8 febrero 1813; Diario de Barcelona, cit.; Redactor General de España, cit.; El Patriota, cit.; SUL, Wellington Papers; Diario de Barcelona, cit.; Diario Crítico General de Sevilla, cit.; Gazeta de Murcia, cit.; Gómez Imaz 1910; Gil Novales 1990b)



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