Diccionario Biográfico de España (1808-1833)
De los orígenes del liberalismo a la reacción absolutista
Alberto Gil Novales

Francisco de Goya, El 2 de mayo de 1808 o La lucha de los mamelucos (detalle), 1814. Museo Nacional del Prado (Madrid)   José Casado del Alisal, Juramento de los primeros diputados a Cortes en 1810 en la iglesia de San Pedro y San Pablo en San Fernando, Cádiz (detalle), 1813. Archivo del Congreso de los Diputados (Madrid)   Antonio Gisbert Pérez, Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga (detalle), 1888. Museo Nacional del Prado (Madrid)

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Caballero y Caballero del Pozo, José Antonio,
II marqués de Caballero


(Aldeadávila de la Ribera, Salamanca, 4 febrero 1754 - Salamanca, 23 febrero 1821). Hijo de Pedro Antonio Caballero y Vicente-Campo y de María Caballero del Pozo
y Herrera, hidalgos de Aldeadávila. Sobrino del teniente general Jerónimo Caballero, I marqués de su apellido, de quien lo heredó nuestro personaje en 1807. Caballero de Santiago, gran cruz de Carlos III, maestrante de Sevilla y gentilhombre de cámara de S. M. Catedrático de Derecho Natural y de Gentes en la Universidad de Salamanca, conservador perpetuo de ella y de la ciudad. Se dice que fue masón. Se casó en 1778 con la abulense Rosa Rebollo y Rico, con la que tuvo una hija, futura heredera del título. Pasó a Sevilla, en donde fue alcalde de Casa y Corte, alcalde del crimen, oidor de la Audiencia, fiscal togado del Consejo Supremo de la Guerra, consejero de Estado, gobernador del Consejo de Hacienda y ministro de Justicia bajo Carlos IV, de siniestra fama (juicio algo matizado por Fugier 1931). En Sevilla se casó en segundas nupcias el 30 de septiembre de 1794 con Isabel González de Mendoza y Malcampo, con la que tuvo otra hija. Embajador electo en la Santa Sede. Confidente durante un tiempo de la reina María Luisa, aunque luego perdió su favor. En terceras nupcias se casó en 1800 con la pacense María de la Soledad de la Rocha y Fernández de la Peña, con la que no tuvo hijos. Participó en la elaboración de la Novísima Recopilación, 1805. J. L. Villanueva le acusa de haber suprimido en ella leyes fundamentales en favor de la nación, y publica una orden en este sentido, Aranjuez, 2 junio 1805, dirigida al fiscal Nicolás María Sierra. Juan de Madrid Dávila le acusa también en 1810 de haber suprimido deliberadamente las leyes de 1367 y 1523, que prohibían establecer impuestos sin consentimiento de las Cortes (leyes recogidas en cambio en la Nueva Recopilación, 1567). El 13 de mayo de 1807 quiso hacer lo mismo con la colección de Cánones, que iba a publicar la Biblioteca Real, pero las circunstancias lo impidieron (Ocios de Españoles Emigrados, I, nº 4, julio 1824, p. 293). Como ministro de Justicia nombró el tribunal de la causa de El Escorial, y lo hizo, al decir de Fugier, a la vez con justicia y habilidad. Enemigo de las luces le llama Toreno, quien destaca su propensión a situarse al servicio de quien detenta el poder. Gobernador del Consejo de Hacienda, 6 marzo 1808 (Gazeta de Madrid, 19 abril 1808). Vocal de la Junta de Gobierno, asistió a la reunión del Consejo de Castilla, 6 mayo 1808, que aceptó la protesta de Carlos IV de que su abdicación había sido forzada y el nombramiento de Murat como lugarteniente del reino y presidente de la junta (Diario de Madrid, 12 mayo 1808). Protesta de los párrafos que le dedica el general Monthyon en la relación que envió a Murat el 23 (o 25) de marzo de 1808, sobre el Motín de Aranjuez. Su reclamación se publicó en el Monitor, y fue recogida por el Diario de Madrid, 28 mayo 1808. Dice que no tuvo más parte en los sucesos de Aranjuez, que haber impedido la salida de SS. MM. para Andalucía. Dice también que el Príncipe de la Paz era su enemigo declarado, por no querer sujetarse a sus ideas, que muchas veces le parecían perniciosas. «En el momento en que el populacho perseguía con furor a sus amigos [de Godoy], o a los que suponía partidarios suyos, a mí me celebraba ese mismo populacho únicamente por saberse la oposición que reinaba entre nosotros dos.» De aquí se derivó, según supone, la irritación de S. M. con él. Pero ruega que se tenga en cuenta cómo trató de apaciguar el tumulto, cómo insistió en que se guardase la debida fidelidad a SS. MM. y que sólo se tranquilizó cuando supo que se había encontrado al Príncipe de la Paz, porque el alboroto se debía «a la voz esparcida de que se había desaparecido». Firma la consulta de la junta del 3 de junio de 1808 dirigida al Lugarteniente, y el manifiesto Españoles del día 4, en el que se les pide que abandonen la insurrección, para no caer en los horrores de la guerra civil y para aprovechar, con sentido nacional, las reformas que va a introducir el emperador (una y otro en Diario de Madrid, 6 junio 1808). Afrancesado, consejero de Estado, juró el 23 de julio de 1808 (Gazeta de Madrid, 24 julio 1808). Caballero, fue uno de los que abandonaron Madrid a consecuencia de la batalla de Bailén. Formó parte de una comisión del Consejo de Estado que estudió la venta de los bienes nacionales y la liquidación de la Deuda, mayo de 1809. Comisario regio para las provincias de Salamanca y Zamora, 6 febrero 1809, aunque no llegó a ir por encontrarse enfermo (le sustituyó el marqués de Casa-Calvo). Por un decreto de abril de 1809 la Junta Central le consideró reo de alta traición. Recibió la gran banda de la Orden Real de España, 20 septiembre 1809 (Gazeta de Madrid del 21). Fue uno de los designados por José I para preparar el Código Civil español, 1809; miembro del proyectado Senado, 1810; y se ocupó del tema de la convocatoria de las Cortes, 1812. A falta de sueldos puntuales, recibió 500.000 reales en cédulas hipotecarias. Recibió también objetos de cristal de la fábrica de San Ildefonso. Se casó por cuarta vez en Madrid el 18 de marzo de 1810 con la limeña Margarita Cerdán y Calvo de Encalada, con la que tampoco tuvo hijos. En septiembre de 1812 decidió esperar en Zaragoza el resultado de la contienda. «Idólatra del Despotismo» le llama El Patriota, 29 septiembre 1813. Exiliado en Burdeos, el 9 de noviembre de 1814 envió un correo a Fernando VII, en el que protesta de que Amorós en su Representación haya usado el colectivo «nosotros», cuando la mayoría de los josefinos sólo pueden ser llamados realistas constitucionales, por haber sido partidarios de la Constitución de Bayona. Después de la guerra vivió confinado, y sólo fue amnistiado el 23 de abril de 1820. (Diario de Madrid, cit.; Ocios de Españoles Emigrados, cit.; Gazeta de Madrid, cit.; Catálogo Títulos 1951; AHN, Estado, legs. 10 C y 31 H, doc. 175; Fugier 1930; Queipo de Llano 1953; Juan de Madrid Dávila en Apéndice a El Conciso, 1810; Martin 1969; Mercader 1983; El Patriota, cit.; Ramírez Aledón 1996b; Gazeta Extraordinaria de Zaragoza, nº 6, 9 agosto 1808; Ceballos-Escalera 1997; Fernández Sirvent 2005)



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