Diccionario Biográfico de España (1808-1833)
De los orígenes del liberalismo a la reacción absolutista
Alberto Gil Novales

Francisco de Goya, El 2 de mayo de 1808 o La lucha de los mamelucos (detalle), 1814. Museo Nacional del Prado (Madrid)   José Casado del Alisal, Juramento de los primeros diputados a Cortes en 1810 en la iglesia de San Pedro y San Pablo en San Fernando, Cádiz (detalle), 1813. Archivo del Congreso de los Diputados (Madrid)   Antonio Gisbert Pérez, Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga (detalle), 1888. Museo Nacional del Prado (Madrid)

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Elío y Olándriz, Francisco Javier


(Pamplona, 4 marzo 1767 - Valencia, 4 septiembre 1822). Hijo del coronel Andrés del Río y Robles y de Bernarda de Olándriz, ingresó en 1783 en la Academia Militar del Puerto de Santa María, siendo enviado de guarnición a Orán en 1784 con grado de teniente. Se halló en las defensas de Orán y Ceuta de 1790 y en la guerra contra la República Francesa. En 1805, ya coronel, fue seleccionado para ir de comandante general a Montevideo, y hallándose en Lisboa supo que los ingleses habían tomado Buenos Aires. Mientras Elío navegaba tuvo lugar la derrota de los ingleses a manos de las milicias argentinas y el nombramiento de Liniers para virrey. Al llegar Elío a Buenos Aires, Liniers le nombró gobernador interino y jefe de los Voluntarios del Río de la Plata, con los que tomó Montevideo el 9 de septiembre de 1807. A partir de este momento su nombre significa reacción española en América, feroz persecución de todo liberalismo. En 1808 Elío encabezó una junta en Montevideo sólo de españoles peninsulares contra la autoridad de Liniers, acción típica de los reaccionarios españoles que de hecho creaba las bases de la independencia de aquellos países, al querer evitarla. Al mismo tiempo el enfrentamiento entre Elío y Liniers significó el de Montevideo y Buenos Aires. Se dice que cuando se enteró de la muerte de Liniers, el 5 de agosto de 1809, exclamó: «Me alegro, porque pagó las que debía» (Vadillo 1836). El nuevo virrey, Hidalgo de Cisneros, le destituyó, y Elío volvió a España en 1810, para retornar en seguida a América con título de virrey, aunque sólo en Montevideo ejerció el mando. Entró en la ciudad como virrey el 12 de enero de 1811. De esta época son sus proclamas El virrey de las provincias del Río de la Plata presenta a los fieles españoles americanos para su consuelo un examen de la situación política y militar actual de España... desde el memorable 2 de mayo de 1808..., Montevideo, 1811; El virrey... manifiesta a todos los leales españoles la correspondencia que entabló con el Excmo. Cabildo de Buenos Aires acerca de la unidad a que debe reducirse y contestación de éste, Montevideo, 13 febrero 1811 (califica a la Junta de Buenos Aires de «rebelde y revolucionaria»). La posición realista de Elío puede verse en Gazeta de la Junta Superior del Reino de Valencia, 9 agosto 1811. La declaración de guerra que dirigió a la junta, según una información aparecida en el afrancesado Diario de Barcelona, 3 agosto 1811 (noticia del 29 de marzo), provocó la insurrección generalizada de todo el levante del Río de la Plata contra Montevideo, es decir, que fue peor el remedio que la enfermedad. El virrey... manifiesta... la correspondencia que entabló con la Real Audiencia de Buenos Aires acerca de la unidad a que debe reducirse y contestación de ésta, Montevideo, 1811; Resultado del segundo parlamento enviado... a la Junta de Buenos Aires, Montevideo, 1811; Proclama... a los fieles españoles americanos de Montevideo, Montevideo, 1811; y la Proclama a los habitantes de las campiñas de Montevideo, Montevideo, 20 octubre 1811, que publicó El Conciso, tomándola de la Gaceta de Lisboa. Ante la presión revolucionaria, pidió auxilio a Carlota Joaquina, lo que atrajo un ejército portugués sobre el Uruguay, hecho que obligó al gobierno argentino a pactar con Elío, como mal menor, el armisticio del 20 de octubre de 1811, que no gustó ni a las Cortes, ni a Carlota, ni a Artigas. Su correspondencia con el almirante de Courcy, sobre la cuestión del bloqueo de Buenos Aires, es publicada por Gazeta de Valencia, 7 abril 1812; y Diario de Barcelona, 28 mayo 1812, lamentablemente sin fecha. Relevado por la Regencia, el 18 de noviembre de 1811 regresó a España. Denunciado por Antonio Gregorio Fitz-Gerald, por infracción de Constitución, B. P. en Diario Mercantil de Cádiz, 8 octubre 1812, observa que no se le formó juicio de residencia, a pesar de sus abusos en América, y a las pocas horas de llegar, fue nombrado general de su cantón. En efecto, se le nombró general en jefe del Segundo Ejército. Contesta al general Villatte, que le proponía un canje de prisioneros, Isla de León, 22 abril 1812, en sentido negativo, porque los franceses son monstruos, los españoles luchan por su suelo, su rey legítimo y su religión, y los prisioneros españoles son esclavos, y no prisioneros. Lo único que puede ofrecer es un millón de españoles dispuestos a morir si con ello se llevan también al otro mundo a otro número igual de usurpadores (El Redactor General, 24 abril 1812, en donde se le llama Juan Francisco; Gazeta de Aragón, 6 junio 1812). En virtud del bando de Murcia, 26 marzo 1813, para evitar la repetición del contagio, ordena el expurgo y fumigación detallada de todos los pueblos que lo habían sufrido en las provincias de Murcia y Valencia. Se basa para ello en la autoridad científica de los médicos Tomás Lanuza, Hilario Torres, Antonio Hernández y Domingo Bover. Todos ellos son elogiados superlativamente por «El amigo de la humanidad», pero especialmente Elío es declarado bienhechor de la humanidad, genio benéfico e inmortal. Uno sospecha si este desmedido elogio no estará pensado para encumbrarle y dejarle apto para cumplir un gran papel reaccionario. Me parece que en la fecha es imposible que se pensase ya en la del 4 de mayo de 1814, pero acaso se le preparaba para lo que aportase el futuro. («El amigo de la humanidad», en El Imparcial, 9 y 11 abril 1813; el bando en el nº 100). Su intimación al Gobierno de Tortosa, Vinaroz, 9 marzo 1814, se publica en Gazeta de Cataluña, 20 marzo 1814, y en Diario Crítico General de Sevilla, 24 marzo 1814. Nombrado capitán general de Valencia, se pronuncia desde este puesto por el absolutismo de Fernando VII, al que saludó con un Discurso en la Jaquesa (Aragón), en el que implora la justicia del rey contra el sistema constitucional, 15 abril 1814, publicado el mismo año en Valencia, actitud que llevó al decreto del 4 de mayo de 1814. Elío persiguió, torturó y mató. No obstante, el 1 de julio de 1814 fue detenido y encerrado en la ciudadela de Valencia, en virtud de una orden del rey, que luego se reveló falsa. Lo comunica él mismo, Valencia, 8 julio 1814 (Gazeta de Murcia, 12 julio 1814). De este período es su proclama Valencianos honrados, militares fieles, mis compañeros de armas, Valencia, 20 enero 1819. La revolución de 1820 le depuso, encerrándole de nuevo en la ciudadela de Valencia, pero esta vez la cosa era más seria. Morillo, en su oficio de Madrid, 1 junio 1821, informa que la causa estaba en Valencia a cargo del juez de primera instancia Martín Serrano, quien lo condenó a la pena ordinaria de garrote. El fallo sube ahora a la aprobación de la Audiencia Territorial (Diario Gaditano, 7 junio 1821). Los artilleros sublevados en mayo de 1822 le proclamaron su jefe. El Telégrafo, recogido por el Diario Gaditano, dice que «después de la salida del correo del día 2 [junio 1822] se encontró a Elío en el cuarto del gobernador debajo de una trampa secreta que había en el suelo [sic]; le acompañaban dos artilleros, tenía dos cajas de duros y varios papeles de mucha consideración, y entre ellos el santo y seña del día 27; y un libro, primorosamente encuadernado, que decía en la portada Modo de formar una revolución en un reino» (Diario Gaditano, 18 junio 1822). Aunque no se demostró su culpabilidad en el levantamiento de los artilleros, los liberales aprovecharon la ocasión para sentenciarle a muerte, desde la cárcel escribió un Manifiesto publicado en Valencia, 1823, y darle garrote, víctima de la guerra civil que él mismo había desencadenado. Poseía las grandes cruces de San Fernando, 1815; de Isabel la Católica, 1817; de Carlos III, 1818; y de San Hermenegildo, 1819. Se había casado con Lorenza de Leyzaur. La Junta de Oyarzun ordenó el 12 de mayo de 1823 que su nombre figurase constantemente en la lista de los generales y en la de las grandes cruces de Carlos III y de San Fernando, y que mientras viviese su viuda se le pagase el sueldo íntegro de su marido. (Minguet 1922; Gil Novales 1975b; Diccionario Historia 1968; El Conciso, 16 febrero 1811 y 28 mayo 1811; Diario de Barcelona, cit.; Diario Mercantil de Cádiz, cit.; El Imparcial, cit.; Gazeta de Murcia, cit.; Diario Gaditano, cit.; Lynch 1973; Moya 1912; Roselló 1820; Palau y Dulcet 1948 y 1990; Boletín de la Junta Provisional de Gobierno de España e Indias que gobierna el reino durante el cautiverio del rey nuestro señor, 14 mayo 1823)



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