Diccionario Biográfico de España (1808-1833)
De los orígenes del liberalismo a la reacción absolutista
Alberto Gil Novales

Francisco de Goya, El 2 de mayo de 1808 o La lucha de los mamelucos (detalle), 1814. Museo Nacional del Prado (Madrid)   José Casado del Alisal, Juramento de los primeros diputados a Cortes en 1810 en la iglesia de San Pedro y San Pablo en San Fernando, Cádiz (detalle), 1813. Archivo del Congreso de los Diputados (Madrid)   Antonio Gisbert Pérez, Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga (detalle), 1888. Museo Nacional del Prado (Madrid)

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Napoleón Bonaparte


(Ajaccio, Córcega, 15 agosto 1769 - Santa Helena, 5 mayo 1821). Hijo de Carlos Buonaparte y de María Leticia Ramolino, era el cuarto de doce hermanos, el segundo de los ocho que sobrevivieron. Su padre había sido firme partidario de Pasquale Paoli, héroe legendario de la independencia de Córcega. Tras la cesión de la isla a Francia, 15 mayo 1768, y la derrota el 8 de mayo de 1769 de quienes resistían la invasión francesa, el padre de Napoleón aceptó los hechos, pasándose al partido francés. El futuro emperador fue mandado a Francia en diciembre de 1778, al Colegio de Autun, a aprender francés entre otras cosas. El 15 de mayo de 1779 se trasladó a la Escuela Militar de Brienne, y en septiembre de 1784 a la de París, de la que salió como subteniente de Artillería un año después. La Revolución Francesa le afectó profundamente, en primer lugar porque cambia la naturaleza del régimen francés en Córcega, y en seguida porque le abre perspectivas insospechadas. Omitiré aquí muchos datos, a pesar de su importancia, para sólo recoger los hitos fundamentales. General de brigada, 22 diciembre 1793. Tras la caída de Robespierre es acusado de connivencia, pero queda libre. Contribuye a la derrota de la insurrección realista contra la Convención, 5 octubre 1795. General de división, el 16 siguiente, general en jefe del ejército del Interior, el 26. Se casa con Josefina de Beauharnais, 9 marzo 1796. El 11 de marzo se pone al frente del ejército de Italia, para el que fue nombrado el día 3. Empieza la serie de sus grandes victorias. Paz de Campo-Formio, 17 octubre 1797. Regresa a Francia. Por sus tareas intelectuales es elegido miembro del Instituto, clase físico-matemática, sección Artes Mecánicas. El 19 de mayo de 1798 se embarca para Egipto. Otra vez grandes victorias y grandes derrotas, nuevas realidades científicas. Abandona Egipto el 23 de agosto de 1799 y llega a París el 16 de octubre. Da el golpe de Estado de Brumario, 9-10 noviembre 1799, pasa a ser cónsul. La Paz de Amiens, 25 marzo 1802, parece cerrar una época. El 18 de mayo de 1804 se proclama emperador de los franceses. Sigue la guerra en Europa con victorias impresionantes, pero como no ha podido ocupar Inglaterra, sustituye lo que de hecho es un fracaso con el decreto del bloqueo continental, 21 noviembre 1806. La cuestión de Portugal ante este decreto le va a llevar a España. El destino de Portugal quedó decidido en el Tratado de Fontainebleau, 27 octubre 1807, negociado entre Godoy y Napoleón. Aparte de otras cláusulas, este tratado significa que las tropas francesas entrarán en España como aliadas, para dirigirse a Portugal. Pero el emperador tiene otros propósitos, que va a ir definiendo sobre la marcha. Utiliza para ello las disensiones internas españolas. Su carta a Fernando VII, en la que no le reconoce como rey, pero se ofrece en tono conciliador, se publica sin fecha en Diario de Madrid, 12 y 24 mayo 1808 (tomada del Monitor del 11). El país se subleva dando lugar a la Guerra de la Independencia. Con la sublevación de Madrid del 2 de mayo de 1808, y los fusilamientos del día 3, inmortalizados por Goya, España tiene un símbolo. El alzamiento de 1808 no significa simplemente la contrarrevolución, como todavía se dice hoy, sino una guerra muy dolorosa, en la que aparece ya la guerra civil. José I, hermano de Napoleón, es nombrado rey de España, 4 junio 1808 (entra en la ciudad el 20). El 19 de julio de 1808 Dupont se rinde en Bailén, lo que obliga a José a abandonar Madrid, y a Napoleón a ir a España para enderezar la situación. El 6 noviembre 1808 se entrevista con José en Vitoria, el 23 derrota a Castaños en Tudela, y el 2 de diciembre se rinde Madrid. Napoleón se alojó en Chamartín. Aparecen sus célebres decretos, considerados generalmente como revolucionarios (Gazeta Extraordinaria de Madrid, 11 diciembre 1808). Quiere cortar las turbulencias de España, que se han debido a complotes (sic) tramados por algunos individuos, pero la mayoría de los que han tomado parte en ellos ha sido seducida o engañada. El primero de esos decretos, fechado en Burgos a 12 de noviembre de 1808, declara enemigos de Francia y de España, y traidores a ambas Coronas, a los duques del Infantado, Híjar, Medinaceli y Osuna, al marqués de Santa Cruz, a los condes de Fernán Núñez y de Altamira, el príncipe de Castel Franco, don Pedro de Cevallos, y el obispo de Santander. Todos los demás decretos son de Madrid, 4 diciembre, destitución de los ministros del Consejo de Castilla «por cobardes e indignos», organización inmediata del Tribunal de Reposición, creado por la Constitución, supresión de la Inquisición; se determina que un solo individuo no puede tener sino una sola encomienda; reducción a la tercera parte del número de conventos; abolición del derecho feudal; supresión de las aduanas interprovinciales, ya que todas deberán situarse en las fronteras exteriores. Con fecha de Madrid, 7 diciembre 1808, Napoleón se dirige a los Españoles, presentándose como regenerador. El destino de España está en sus manos. La monarquía que ahora se instaura será dulce y constitucional. Pero si sus esfuerzos resultan inútiles, entonces colocará la corona en sus sienes, y sabrá hacer que los malvados le respeten. Con la misma fecha, 7 diciembre, dirige una circular a los arzobispos, obispos y presidentes de los consistorios eclesiásticos, en la que les ordena la celebración de un Te Deum por las victorias francesas en España (Gazeta de Madrid, 12 enero 1809). Napoleón salió de Madrid el 22 de diciembre de 1808, requerido a la vez por los ingleses y por las noticias de Austria. Llegó a París el 23 de febrero de 1809. Nunca más podrá volver. En la prensa se publican muchos documentos napoleónicos, reales o supuestos. Una supuesta carta a Augereau, Schönbrunn, 2 septiembre 1809, sin garantías de autenticidad, se publica en Gazeta de Valencia, 10 noviembre 1809 (no figura en la Correspondance publicada por orden de Napoleón III). Un proyecto de proclama a los Pueblos de España, Palacio de las Tullerías, 1810, seguramente falsa, sobre la incorporación de España al Imperio francés, se publica en Tertulia Patriótica de Cádiz, 19 enero 1811, reproducida del Memorial Militar y Patriótico del Ejército de la Izquierda. Hoy sabemos que fue invención de este periódico. Su carta a José I, Dresde, 11 junio 1813, interceptada en las inmediaciones de Vitoria, contiene la frase: «La España tal vez será la barrera, donde para siempre se estrelle mi poder». Se publica en Diario Crítico General de Sevilla, 27 agosto 1813, que no garantiza su autenticidad. Su carta al mariscal Soult, Dresde, 12 octubre 1813, todavía optimista sobre todo a raíz de la batalla, se traduce de la Gazeta de Bayona en Diario Crítico General de Sevilla, 26 noviembre 1813. Una caricatura expresa muy bien el estado de una parte de la opinión pública sobre el emperador: «Napoleón primero y último, por la ira de Dios, se presenta a la faz del mundo en caricatura en el estado a que su ambición le ha conducido». Se dice que esta caricatura ha sido muy bien recibida en Rusia, Inglaterra y Alemania. Se anuncia en la Gazeta de Murcia, 26 julio 1814, a un real de vellón. Como es sabido, tras su derrota Napoleón fue llevado a la isla de Elba, de donde se escapó, dando lugar al período llamado de los Cien Días. Derrotado de nuevo en Waterloo, 18 junio 1815, los ingleses lo llevaron a Santa Helena, dedicado a rememorar el pasado y a construir su leyenda. La opinión española se apartó rápidamente de lo que expresaba aquella caricatura, aunque siempre hubo sectores inmovilistas. El traslado de las cenizas de Napoleón a los Inválidos, decretado en 1840 por Luis Felipe, da lugar a un grito revolucionario por parte de Espronceda, quien en 1841 utiliza al «héroe generoso» para denostar al materialismo burgués. (Tulard 1987; Soboul 1989; Criscuolo 2000; Dérozier, C. 1976, II, p. 693-695, III, p. 217; Gil Novales 2004 y 1984)



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